25/03/11

En un restaurante

- Vale. Te comento. Es muy sencillo. Si lo hacemos bien ninguno de nosotros resultará herido. Esto va a transcurrir cómo los típicos diálogos ¿ok? Tú pides pescado y yo pido el vino. Después de la cena, lo de siempre. Ya vemos en casa de quien pero sin salirnos de la línea, ¿ok?. ¿Te ha quedado claro?
- Si. Nada de sexo. Cómo en los típicos diálogos.
- Exacto, nada de sexo. Hemos de conservar la calma y dejar que todo vaya sobre ruedas. Yo estoy pasando una velada exquisita.
- Fantástico. Yo también, aunque... ¿sobre ruedas? ¿Estás seguro de que quieres que todo vaya sobre ruedas?
- Si... cómo en los típicos diálogos... - dudando.
- Dudas.
- No.
- Si.
- Que no. No dudo.
- Mmmh, te lo veo en la mirada.
- Te explico. Yo no te conozco pero tienes pinta de ser maja.
- Lo soy. De las más majas - sin ningún aire de prepotencia.
- Pues eso. Lo he visto nada más entrar, me ha atrapado sin ninguna explicación... ¿entiendes el porqué de la conversación?
- Si. Creo que lo tengo bastante claro desde que has llegado. Llevas 30 minutos hablando de lo mismo. Aún así, no estás consiguiendo nada - sus ojos brillan.
- No necesito nada. Me basta con tu atención. Una persona que no aparta la mirada ni se perturba por cualquier grado de conversacionalidad es digna de escrutar mi audaz petulancia.
- No considero que seas petulante. Creo que ha sido nada más verte... algo me ha movido a invitarte a cenar. No sé porque lo he hecho.
- Es curioso. A mí me ha pasado algo similar. Yo sólo venía a tomar una copa pero al verte, también he sentido un calor irrefrenable de acercarme a esta mesa. Aún así, te detesto.
- Y yo a ti, jajaja.
- Si, y te diré algo más que tengo debajo de... - aparece el camarero.

- ¿Les tomo la carta, señores? - indica el camarero.

- No, nos está interrumpiendo metre. Estaba teniendo una conversación con la señorita - indignado y agachando la cabeza mientras el cuerpo se contrae.
- Lo siento, monsieur... pero... ejem, llevan 30 minutos sentados en esa mesa y aún no han pedido nada. Por normas del restaurante le recomendamos que puede elegir distintos platos que...
- ¡Yo pediré lo que me dé la gana y cuando me da la gana!... que para algo soy el cliente - después de propinar con la palma de la mano un golpe en la mesa.

El camarero temblando se desvanece entre los susurros de otras mesas. Tales murmullos crean un punto de inflexión en la situación.

- Es usted un grosero. Sigo sin entender porque dejo que siga en esta mesa.
- Yo también me pregunto lo mismo. Aún así, es la más bonita aurora que podría soñar un fanático del sol.
- Y usted tiene una forma muy peculiar de seducir a las mujeres.
- Gracias.
- Jajajaja, tonto. En todo caso, me llamo Elka.
- Un placer. Y yo soy el Profesor Max. ¿Se encuentra usted cómoda Elka?
- Si, muy bien. Y dígame profesor. ¿Qué se supone que debe continuar a este típico dialogo si no va haber sexo?

- ¿Los créditos?

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